Soy un alma indefinida. De esas
que no tienen forma, de esas que, en el fondo, no tienen vida. No tengo
paisajes, letras, sonidos, caras, momentos, olores favoritos. Soy capaz de
moverme del blanco al negro sin pensarlo, sin quererlo. Digamos que me gusta la
noche, digamos que me gusta el día. Digamos que escribo poesía, que son versos
perfectamente ordenados, versos de palabras sueltas. Yo soy de las que escuchan
guitarras, y luego pianos, y luego mesas. Soy de las que nunca saben que elegir,
porque todo les parece bonito. Soy de las que no ve los defectos, porque no
quiere verlos. Soy susurros, soy gritos. Soy la más loca de todas, la que también
quiere ser seria. Puede que me deje llevar, pero porque eso implica no tener
que escoger, tener todo a mano. Puede que deje todo a los demás, pero porque
eso quiere decir que tengo gente que puede tomar mis decisiones. Puede que a
veces no sepa que decir, pero porque eso es dejar paso a la imaginación, que es
infinita. Y es que yo quiero ser infinita, tenerlo todo, serlo todo, vivirlo
todo. Y es que eso implica no tener favoritos, ser la indecisa antítesis
perfecta, pensar ideas llenas de nada, llenas de todo.

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